Loreto Costa, El Salvador.-En lugares como Joya Grande las lluvias torrenciales provocaron enormes cárcabas en las laderas de las montañas (de unos 60 metros de ancho por 110 de profundidad) y la tierra se abrió camino arrastrando todo lo que encontró a su paso, incluidas las viviendas ubicadas a sus pies.
Las personas de esta zona se quejan de no haber sido alertados ni prevenidos por parte del gobierno. El huracán los pilló completamente desprevenidos ya que estaban en una situación de alerta amarilla (simplemente lluvias). Para que la población fuera consciente del peligro y estuviera preparada para una posible evacuación, la alarma tendría que haberse cambiado al color rojo (fuerte tormenta tropical). Es increíble la capacidad de recuperación de los niños ante situaciones tan extremas como esta. Sin embargo, en nuestro recorrido hemos visto llorar a mujeres como Teresa, de 34 años, al regresar a su comunidad. Ahora vive en un albergue. Tan solo una pared demuestra que en ese lugar estaba su casa y, probablemente, es la que la salvó, a ella y su familia, de morir sepultados por toneladas de lodo, agua, piedras y árboles caídos.

Teresa llegó a Joya Grande en diciembre de 1986, escapando de la guera y de la falta de oportunidades laborales. Aquí trabajaba en una panadería. Ahora lo ha perdido todo, excepto la vida. Aún así se siente "afortunada" porque todos sus familiares se encuentran bien. A sólo unos metros, fallecieron cinco de sus vecinos, tres de ellos de la misma familia, una mujer y sus dos hijos.

Ellas tienen su fé, otros, hasta eso han perdido, como nos comenta Roberto Cruz padre, director ejecutivo de Comandos de Salvamento. Al parecer ya ha habido al menos dos casos de suicidio.